Hoy tuve un cumpleaños. Recién llego y estoy muy contenta porque realmente la comida no me importó. J, uno de mis sobrinos, cumplió dos años y sus papás le organizaron una fiesta preciosa en el parque de su casa, con muchos niños, juegos y castillo inflable.
Fuimos los cuatro y nos concentramos en charlar con los amigos, jugar con los niños, sacarnos fotos, disfrutar del lugar, del verano, del cariño de los que que queremos y nos quieren.
En el auto me di cuenta que sólo había comido medio pan con palta y una feta de jamón crudo, otro medio pan con palta y una feta de queso y una copa de vino. El helado que me dieron lo compartí con mi niña y la mitad quedó entre sus manos y la servilleta. No probé la torta. Y no fue que me estuve aguantando, no. No comí más porque no se me ocurrió. Eso es un cambio estructural en mi conduta. Y es lo que deseo para el 2012.
*Parafreseando (va, plagiando cochinamente) el título del gran Julio Cortázar y su Conducta en los velorios.