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jueves, 5 de enero de 2012

Orgía vegana

Todos tenemos un amigo que vive en Europa. Todos tenemos un amigo vegetariano. Todos tenemos un amigo con un pelo precioso. Todos ellos para mí es un solo, mi amigoamor F, el que nunca me dijo vaca imbécil. F llegó de Europa hace unas semana para quedarse unos meses con su familia y volver a irse. Anoche nos juntamos a cenar en mi casa con él y M. mi otra amigaamor. Fue maravilloso.
Todo empezó con una cena vegana, pura cosa saludable, nada de animales muertos en la mesa:
Ensalada de rúcula con semillas; papas hervidas con pimienta; ensalada de tomate, cebollita de verdeo y palta; chauchas con cholclo; ensalada de zanahoria rallada, pasas de uva y nueces. De postre, una torta de zanahorias y naranjas exquisita que cocinó F.
Charalamos mucho, nos reímos mucho, tomamos vino (que se acabó antes de lo deseado) y champán. Nos abrazamos y nos besamos y nos hicimos cariñito en el pelo. Dijimos muchas boludeces del tipo "pasame la coca que quiero vino", "me dieron retrocuciones" o "soy naranja, no necesito marihuana".
Estuvimos afuera y compartimos el vientito fresco que es una de las mejores maneras de ser felices.
Lo mejor fue darnos cuenta que a pesar de la distancia y el tiempo y los caminos diferentes que nuestras vidas han elegido seguir, cada vez que estamos juntos el amor sigue allí, intacto.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Vísperas

Este post está inspirado en las cosas lindas y ricas que hacen ustedes para sus celebraciones. Me encantó la cocina del cumple de Seelvana, me emocioné con los preparativos del cumple del marido de Danila, estuve ansiosa por ver cómo salía el proyecto de Bubu, me encantó esta mesa que espera para festejar el cumple de Gaby,  la torta de Mechi, ….
Soy feliz celebrando y preparando la celebración, más. Me encantan las vísperas: invitar a la gente que  quiero a mi casa, pensar el menú, comprar los ingredientes, cocinar, elegir en qué voy a presentar los platos, buscar los manteles, las servilletas, la vajilla. Elegir la música, el vino, las flores. Pensar en qué me voy a poner, cómo se van a vestir mis hijos. Aceptar ayuda, compartir los preparativos con los niños y mi marido.
Hace un tiempo, cuando las palabras de este mundo salían de mí como canciones, escribí esto:
                                           Vísperas
                                             que mi casa se llene
                                             de flores
                                             y olor de pan
                                             que las ventanas
                                             reluzcan
                                             e inviten
                                             que los niños jueguen
                                              y recorten papelitos
                                              y broten guirnaldas
                                              que mi pelo
                                              y mis zapatos
                                              brillen con el sol

                                             y esperar
                                             que mañana
                                             haga tanta fiesta
                                             como hoy

Esto es lo que me pasa en las vísperas. La próxima fiesta es el cumpleaños de mi niño. Y ya lo estoy saboreando.
Besos y buen miércoles.

martes, 8 de noviembre de 2011

Mi cuñada D

Este post está especialmente dedicado a D, mi cuñada, la esposa del hermano de mi marido.
Mi cuñada D es divina. Te lo juro por el dios del amor, es divina. Y ahora está pasando por las tan comunes  ganas-de-irse-a-la-mierda-postparto, entonces necesita de todo el amor que podamos ofrecerle.
D es psicóloga, pero no de esas psicólogas que están psicoanalizando todo el tiempo y que viven diciéndote qué tenés que hacer o invitándote a la autoreflexión eterna. No, ella es re copada, interviene sólo  cuando le pedís ayuda profesional y te la da con todo el amor y la responsabilidad del mundo. En  todos los casos que me incumben, sus intervenciones han sido muy atinadas siempre.
Es la madrina de mi hijo mayor, madrina que él mismo eligió cuando tenía como siete años. El madrinaje se oficializó este año cuando, finalmente, agarré a mis dos hijos y los hice bautizar. F la adora y creo que es porque ella es muy cariñosa y atenta y siempre  está acompañándolo en todos sus “momentos”.
Otra cosa que me encanta, es que tiene un ojo para la belleza único. TODO lo que ella elige es bello, las formas, los colores, las cosas. Todo lindo, todo me gusta, siempre. Le encanta la moda y la decoración y se acaba de mudar a una casachaucha que me tiene verde de envidia. La envidio por eso y porque pesa 48 kilos.
Con ella podemos charlar de todo, desde escuelas de la filosofía presocrática, hasta lo divino que le quedan los sombreros a Máxima Zorreguieta. Es fantástico, porque cuando, los domingos,  después del asado, los maridos hermanos (un historiador y un sociólogo) se ponen a hacer revisionismo de la historia argentina del siglo XX  a las luz de las teorías de Foucault, nosotras nos vamos a leer revistas de moda.
Es muy responsable con su trabajo, se nota que en cada nuevo proyecto que emprende profesionalmente pone toda su ciencia, todo su tiempo y todo su amor. Es generosa con el conocimiento, comparte con los demás lo que sabe y, si no lo sabe, lo averigua para vos, es una averiguadora compulsiva.
Y lo más lindo es cuando te quiere, porque le gusta demostrar su amor haciendo cosas por el ser  amado. Si le pedís ayuda te la da, así de simple y mágico.  Y si no, también. Hace cosas como venir a tu casa de la otra punta del mundo para traerte el mantel  que necesitás para que no se arruine la mesa nueva. O conseguir justo la ropa que a vos se te ocurrió para el bautismo. O llevarse al niño para que los padres tengan un poco de soledad. O acompañar y cuidar al cuñado (mi marido) cuando lo operaron de la nariz. Ella está allí, siempre. Y no lo hace sólo conmigo (que es fácil porque soy divina), lo hace con sus tres hermanos, sus cientos de primos, sus miles de sobrinos, sus millones de amigos.
Hace dos meses que es madre de una beba hermosísima, que se parece a ella y que ya se nota que es feliz porque tiene una mamá que la cuida y la ama.
Esta es D. Y hoy está tristona, de esas tristezas porque sí. De esas tristezas que te dan dos mese después de parir  y de mudarse dos veces (si, si, se mudó una semana después de que nació la nena y se volvió a mudar  a los veinte días), cosas de la vida.
Este post es para decirle que está bien que esté triste, que tiene todo el derecho de estarlo, que se quede quietita con su nena, que acá estamos todos queriéndolas. Y que cuando tenga ganas de salir nos vamos a comprar zapatos.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La levedad del ser

El plan del fin de semana salió bastante bien. Un pequeño traspié el sábado a la noche: medio cono de papas fritas fue la cena. Lo demás, fue como lo pensé.
Además, hacer dieta es más fácil si uno tiene buena compañía. Viernes y sábado los compartí con mi amigahermana  M. Vino a mi casa el viernes a la tarde y se quedó a cenar y fuimos juntas el sábado, con mi hijo mayor,  al festejo de la semana del estudiante. Allí nos encontramos con muchos alumnos y comimos las papas. Alentamos a los chicos cuando presentaron sus coreografías, bailamos un poco y gritamos como las profes ridículas que somos (ella también es profesosa de lengua y literatura, estudiamos juntas). M.sacó fotos y yo me golpeé los dedos infinidad de veces tratando de tirar un juguetito lleno de luces que volaba siguiendo el mecanismo de la honda (o gomera). Y charlamos y charlamos y charlamos. La pasamos muy bien. Yo la pasé muy bien, me olvidé de la comida, me olvidé del hambre.
Es fantástico mantener una relación de amistad durante años, compartir la cotidianeidad, las rutinas, las cosmovisiones, la idiosincracia. Es tan REAL. Con M. hemos crecido juntas y mucho de lo que somos es reflejo de lo que es la otra.
Una amiga como M., te hace el fin de semana más liviano, te hace la vida más liviana.